La síntesis y el resumen

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Elaborado por: Laura Leticia Rosales

LA SÍNTESIS Y EL RESUMEN

Mis conocimientos previos acerca de la síntesis

Posiblemente hayas escuchado en algunas ocasiones que síntesis y resumen se usan como palabras sinónimas. Esto es un error, como podrás comprobar en esta unidad. ¿A qué crees que se deba esta confusión? ¿En qué casos consideras que deba usarse uno y otro? ¿Cuáles serán los rasgos que diferencien totalmente uno de otro.

Previo a la lectura

Antes de enfrentarte a la lectura Un día en la vida de un agricultor marroquí comenta con algún compañero o familiar lo que te sugiere el título. ¿Sabes de qué país son los marroquíes? ¿Sabes en qué continente se localiza este país? ¿Sabías que se dedican a la agricultura en la actualidad?

Durante la lectura

Nuevamente observa la estructura de los párrafos, el vocabulario y el orden de las ideas para definir las características de la síntesis. Subraya las palabras desconocidas y trata de deducir su significado por el contenido total de la lectura o acude a un diccionario. Te sugerimos elaborar un glosario con las palabras desconocidas del texto para que vayas incrementando tu cultura.

Un día en la vida de un agricultor marroquí

Con los ojos llenos de ansiedad. Mustafá mira hacia el horizonte del desierto al salir el Sol. En algún momento de este día, o tal vez mañana, aparecerá una caravana de camellos conducida desde Mauritania y Malí por su amigo Farouk. Esta es una de las pocas caravanas que aún atraviesan el desierto desde los puertos de la costa hacia el sur del Sahara; los camiones transportan la carga por un precio menor, así que los camelleros tienen poca demanda.

La esposa de Mustafá le lleva una vasija con agua y él se lava los pies, las manos, el cuello y la boca, de acuerdo con el ritual religioso musulmán. Se pone de rodillas sobre un tapete pequeño, con la mirada en dirección de La Meca, y reza sus plegarias.

El desayuno es una comida importante (se hace antes de que se caliente el día) y consiste en maíz, dátiles y nueces. Hoy algunos de sus hijos desbaratan uno de los canales de riego poco profundos, hechos de lodo, que salen del lago localizado en el corazón del oasis. El agua cae del canal en forma de cascada sobre los maizales que se deben regar este día. Al mismo tiempo, los otros chicos levantan los canales que fueron rotos ayer, para regar otros campos.

La esposa de Mustafá sale de la casa para desherbar las siembras y, mientras la observa, él advierte una línea oscura en el horizonte y divisa la caravana. Mustafá se dispone a recibir a su viejo amigo y a los comerciantes, quienes se instalan en la principal habitación de la casa, sentados con las piernas cruzadas sobre cojines bordados a mano. La esposa de Mustafá, que ha regresado de su trabajo, trae café espeso y dulce en pequeñas tazas de porcelana con asas de bronce. Se retira a la cocina tan pronto como termina de servir, y deja charlar a los hombres.

En el pasado, los camelleros fueron para Mustafá la única fuente de noticias relacionadas con los oasis distantes y con el mundo exterior. Hoy se entera de lo que acontece por medio de su radio de transistores. Sin embargo, ni los rumores de la localidad ni los informes acerca del estado en que se encuentran los animales o los pastizales llegan por radio, por lo que Mustafá y sus amigos charlan durante largas horas.

Después, Farouk, vestido con la tradicional ropa amplia de color azul, comienza a levantar su tienda de pelo de camello de color pardo oscuro.

Mientras tanto, el mayor de los hijos de Mustafá, Muhmoud, llega para despedirse. Viste una camisa de cuello abierto y un moderno pantalón informal de corte occidental. Él nunca será agricultor, ni guía de una caravana de camellos. Aspira a ser abogado. Dice a su padre que está listo para salir a iniciar otro periodo de estudios en la ciudad.

Después de despedirse, Muhmoud monta en su motocicleta. Mustafá y Farouk observan cómo desaparece en la distancia la nube de polvo que levantó.

Fuente: Diccionario ilustrado de nuestro mundo, Reader’s Digest, México, 1993

Después de la lectura

Escribe cinco oraciones sobre lo que más te haya interesado de la lectura. Procura obtener una oración por cada párrafo sin explicaciones ni ejemplos y anótalas con tus propias palabras; de esta manera estarás elaborando un guion de ideas principales acerca de la lectura.

Comparte con tus compañeros tus impresiones para, posteriormente, obtener la información que te ayude a definir las características de la síntesis. Compara los datos obtenidos con los que aparecen a continuación.

Características de la síntesis

·       Texto breve. (Cinco a quince líneas)·       Se usa para todo tipo de texto.·       Sólo menciona las situaciones más importantes.·       No lleva comentario.·       El vocabulario es sencillo.·       Se parafrasea la información.

Primer reto

Ahora une las oraciones enlistadas arriba mediante los conectores que aparecen enseguida, así estarás creando una paráfrasis; es decir, el contenido del texto con tu estilo propio de escribir.

Si vas a UnirRefutarAgregarExpresar una consecuenciaConcluir emplea Y, además, también, asimismo, …Pero, sin embargo, aunque, no obstante, …Por otro lado, por otra parte, mientras, …
Por lo tanto, en consecuencia, …Por último, finalmente, en última instancia, …

Trata de no alterar la información de la lectura cuando parafrasees.

Al anotar las ideas más importantes formaste un guion de ideas; al emplear tu estilo de escribir, parafraseaste la lectura y, por último, al unir las ideas con los conectores correspondientes a lo que expresaste, elaboraste una síntesis.

Para terminar

Una vez redactada la síntesis intercambien sus cuadernos para revisar y corregir vocabulario, ortografía y estructura (número de párrafos).

Mis conocimientos previos acerca del resumen

Ahora que ya conoces las características de la síntesis, ¿sigues pensando que es igual al resumen? ¿En dónde se encuentran las diferencias? ¿En el vocabulario? ¿En el número de párrafos? En este caso seguirás los mismos pasos que utilizaste para definir y escribir una síntesis. Así que volveremos a leer Un día en la vida de un agricultor marroquí.

Previo a la lectura

Antes de leer nuevamente el texto comenta con algún compañero o familiar las ventajas de hacer una lectura por segunda vez.

Durante la lectura

Lee con el apoyo de la paráfrasis elaborada para la síntesis; eso te ayudará a comprender completamente la lectura y darte cuenta de la información que esté repetida o poco clara. También podrás fijar el vocabulario que investigaste al hacer la primera lectura.

Después de la lectura

Escribe las ideas principales de la lectura. Recuerda que éstas no llevan ejemplos ni explicaciones. En el caso del resumen, deben tomarse totalmente de la lectura, es decir sin parafrasearlas. Cuida la repetición innecesaria de datos.

Comenta con tus compañeros sobre esta manera de obtener las ideas principales, con el fin de comparar las dos formas de extraer la información más relevante de un texto. Al finalizar los comentarios ya pueden obtener las características del resumen. Verifícalas con las que aparecen a continuación y compáralas con las de la síntesis:

Características del resumen

  • Texto más extenso. (Diez a veinte líneas)
  • Se usa para todo tipo de texto.
  • Puede incluir ejemplos.
  • No lleva comentario.
  • Se respeta el estilo del escritor del texto.

Primer reto

Ahora unirás las oraciones que enlistaste usando los conectores del cuadro antes descrito. Recuerda que, en la medida de lo posible, debes respetar la redacción original; aunque podrás hacer las adecuaciones necesarias al unir las ideas con los conectores.

Una vez más partiste de un guion de ideas y al unir las ideas con los conectores correspondientes, elaboraste un resumen.

Segundo reto

A continuación te presentamos el cuento “A la deriva” de Horacio Quiroga para que redactes una síntesis y un resumen de dicho texto. Para lograrlo, es importante que leas el cuento de acuerdo con las estrategias dadas en el proceso de la lectura: antes-durante y después.

A la deriva

El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Salto adelante, y al volverse, con un juramento vio una yaracusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.

El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violeta y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.

El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.

Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.

  • ¡Dorotea! – alcanzó a lanzar un estertor-. ¡Dame caña!

Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.

  • ¡Te pedí caña, no agua! – rugió de nuevo -. ¡Dame caña!
  • ¡Pero es caña, Paulino! – protestó la mujer, espantada.
  • ¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!

La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras uno dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.

  • Bueno, esto se pone feo … – murmuró entonces, mirando su pie, lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.

Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta, que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.

Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentase en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.

El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito –de sangre esta vez- dirigió una mirada al sol., que ya trasponía el monte.

La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría llegar jamás él solo a Tacurú-Pucú y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.

La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba; pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.

  • ¡Alves! – gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano -. ¡Compadre Alves! ¡No me niegues este favor! – clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.

El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas, bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, atrás, siempre la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.

El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.

El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú – Pucú.

El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona, en Tacurú – Pucú? Acaso viera también a su ex patrón míster Dougald y al recibidor del obraje.

¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.

Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba, entre tanto, en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.

De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho.

¿Qué sería? Y la respiración…

Al recibidor de maderas de Míster Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un Viernes Santo…¿Viernes? Sí, o jueves…

El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.

-Un jueves…

Y cesó de respirar.

Fuente: Quiroga, Horacio, Cuentos de amor, locura y muerte, Editores mexicanos unidos, México, 1995, 67-70 pp.

Para terminar

Intercambia tu cuaderno para revisar y corregir vocabulario, ortografía y estructura (número de párrafos). Comenta con ellos sobre la utilidad de estos textos sintéticos. ¿Cuál prefieren elaborar? Mencionen sus razones y traten de establecer los casos concretos en que se usan más las sinopsis, las síntesis o los resúmenes.